Petróleo, medios y hegemonía

Por Patricia Bullrich  | Para LA NACION

Sábado 05 de mayo de 2012 | Publicado en edición impresa

Gramsci definió el término hegemonía como la construcción de un aparato de dirección del Estado que incluye la política, la moral, la cultura y la ideología. Hoy en la Argentina cada debate, cada hecho político, se inscribe en el objetivo del partido de gobierno de imponer a la sociedad una dirección de un modo de ejercer el poder, una moral, una cultura y una ideología.

Este aparato hegemónico construye poder simbólico y poder real, y configura un orden de prioridades que se basa en un principio conocido: el fin justifica cualquier medio. Por eso los debates sobre la corrupción, sobre las formas jurídicas, sobre el equilibrio de poderes son debates estériles para el Gobierno. Esta semana, el Gobierno se hizo de nuevos recursos simbólicos y concretos de poder para alimentar esta lógica hegemónica:

  • El petróleo es un recurso estratégico de poder y un símbolo chauvinista potente. Basta ver los modelos políticos que rodean a los países con petróleo y sin instituciones: jeques cuyo poder y dinero compran, como la droga, casi todo.

  • El Gobierno acumula medios, violando su propia ley sobre el tema, mediante la compra, por parte de un empresario de obra pública, casinos y petróleo, de un grupo de medios de alta popularidad.

Por eso, al discutir la “kirchnerización” de YPF, no estamos, queridos radicales y socialistas, discutiendo de petróleo, de exploración, de Mosconi o de Yrigoyen, es decir de principios o de políticas de Estado. Estamos discutiendo de hegemonía, de poder, de recursos, de lo que el partido de gobierno sabe de verdad.

El Gobierno destruyó las reservas hidrocarburíferas, introdujo un socio que representaba un capitalismo de rapiña, compró con los futuros dividendos. Todo firmado por la Secretaría de Defensa de la Competencia y por orden del ex presidente. Se justificó esta expoliación como una “argentinización”. Mientras, el país gastaba 23.452 millones de dólares en importar combustible (podríamos haber comprado YPF una vez y media). Por otro lado, crece día tras día la voz oficial, que se introduce en todos los poros.

A esta concepción, que es clara y repetida, se la llena de votos: 208. A la oposición, que debe controlar y poner freno, que debe hacer frente al modelo de poder que ahora buscará reformar la Constitución, se la vacía: 32 votos.

Los que actúan como claque del oficialismo, cuando sean barridos quizás entiendan que alimentar el poder de quienes no creen en un poder limitado es contribuir a fortalecer esa hegemonía.

Hoy el sistema de partidos ha dejado de ser un sistema de alternancia. Cuenta con un partido predominante que penetra más y más y fracciona a las fuerzas políticas que se dejan llevar por su discurso. Por eso el voto negativo de 32 no es contra YPF: es contra el poder que quiere capturar YPF. No se puede colaborar y darle más recursos, más herramientas, más relato, más simbología, más dinero a quien quiere construir un poder eterno.

Quizás los 32 votos se hagan símbolo que ayude a dejar de lado diferencias y pequeños orgullos, y sea motor de la decisión de construir una fuerza potente, con programa, con ideas y que se anime. Que asuma que millones de argentinos quieren ser representados en los valores de la democracia, del desarrollo, de la cultura del trabajo, de la justicia, de la república y de la ética.

© La Nacion

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