Artículo de Opinión – Tema: Energía

Clarín, 21/03/12

En energía, el ocaso de los cuentos

Por Emilio J. Apud INGENIERO CONSULTOR. EX SECRETARIO DE ENERGIA

El Gobierno pasa de una a otra ficción, sin generar inversión y desarrollo de las potencias energéticas del país. Y ahora, con el fin de la estrategia impuesta por Néstor Kirchner para el sector, se ha comenzado a manipular el sentimiento nacionalista.

Un relato es una narración cuando se trata de un hecho real o un cuento si es ficcional. En consecuencia, si nos atuviéramos a esta definición, aceptada por la Real Academia Española, el relato del Gobierno sobre la energía debería considerase un cuento. Veamos algunos ejemplos que le dan sustento a esta hipótesis. El relato gubernamental, en boca del hasta hace muy poco principal referente en la gestión energética, Julio de Vido, dice: “Tuvimos que hacer frente a una gran demanda por el crecimiento histórico de la economía”; “veníamos de un proceso de desinversión en los 90”; “se exportó sin tener reservas”; “hemos exigido a las empresas invertir y hemos descubierto mega yacimientos”; “hemos terminado Atucha II”; “hemos instalado más de 7.000 Mw de generación eléctrica” ; “los subsidios son parte del modelo”; “en todas partes se importan productos energéticos”; “no se aumentarán las tarifas”.

En cambio, la realidad y los registros estadísticos demostraron que esos relatos, por no basarse en hechos reales, eran cuentos. Veamos: el crecimiento anual promedio de la demanda eléctrica en los ’90 fue de 6%, en los 2000 el 3,7, la demanda de gas se expandió 25%, mientras que la oferta solo un 2% y el consumo de naftas aumentó un 20% cuando la producción de petróleo se redujo un 22% . En los ‘90 se invirtió cuatro veces más que en los 2000, con mayoría de capital privado; se exportó gas, crudo y derivados porque las reservas acompañaban a la producción; hasta recientemente, nunca el kirchnerismo exigió invertir a las petroleras, pero se permitió que muchas empresas desinvirtieran, como YPF-Repsol, que perdió reservas por encima del total país. Atucha no produjo todavía ni un KW, no obstante sus reiteradas inauguraciones y lleva un retraso de más de 3 años a un costo que ya triplica al presupuesto original; en el sector eléctrico se incorporaron 6.500 MW en los 2000 -contra 9.000 en la década anterior-, pero aumentando la dependencia de los hidrocarburos, por las características del equipamiento incorporado con fondos públicos y en procesos licitatorios poco claros que beneficiaron a empresas amigas.

Para seguir ocultando la realidad y no hacerse cargo después de 9 años de gestión continua en un sector que recibieron funcionando correctamente en 2003, se está introduciendo un nuevo cuento: “Las empresas no invirtieron y se llevaron las utilidades” . Cuento que para adquirir la categoría de relato debería expresar:“ El Gobierno permitió a las empresas que no invirtieran y se llevasen las utilidades o, como con YPF, que pagasen sus créditos por la compra de acciones”. También debería incluir ese relato que “la imposición de aranceles a las exportaciones, congelamiento de precios y otras arbitrariedades, en vez de contratos y marcos regulatorios, desalentaron las inversiones en el país”.

El nuevo cuento no solo desconoce la realidad sino que atenta contra la solución al problema acumulado en los últimos 9 años por la falta de una política energética creíble. En efecto, el reciente ataque a las empresas petroleras estaría indicando el fin de la estrategia impuesta y conducida por Néstor Kirchner desde 2003 y su remplazo por otra, tal vez mas perjudicial, impulsada por Guillermo Moreno y La Cámpora ante la necesidad imperiosa de caja, recurriendo a exacerbar el nacionalismo tan arraigado en amplios sectores sociales. Hasta se han visto afiches con los logos de las Malvinas e YPF invocando una épica común.

Si no fuera por las consecuencias agravantes de la delicada situación del sector, este cuento sería uno más del folklore populista. Pero, si como se presume, el Gobierno recurriese para tal fin a una participación forzosa en YPF, continuaría con la descapitalización del sector al seguir exprimiendo los ya agotados yacimientos. No tiene las decenas de miles de millones de dólares anuales para revertir la situación y con la actual política tampoco nadie los pondrá.

El autoabastecimiento energético sólo se logrará recreando condiciones para que vuelvan las inversiones y las empresas petroleras con experiencia internacional. Entonces, con su injerencia en YPF y su visión cortoplacista, el Gobierno se dedicará a hacer caja extrayendo lo que queda en los yacimientos, como lo venía haciendo YPF-Repsol con su anuencia, e iremos hacia una energía de las más caras del mundo, la importada, mientras nuestros recursos permanecerán inexplotados .

Lo que corresponde hacer es remover los factores que no hacen atractiva hoy la inversión en energía, estableciendo condiciones económicas y técnicas realistas, redefiniendo mediante leyes actualizadas los marcos regulatorios y haciendo una amplia convocatoria internacional para el desarrollo de los recursos hidrocarburíferos que tenemos y en abundancia. Claro que esto no genera caja, aunque sí riqueza y auténtica posibilidad de desarrollo y bienestar para los argentinos.

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