“El precio de cocinar los libros” – traducción de artículo publicado en “The Economist”

El precio de cocinar los libros

 The Economist

Londres, 23 febrero 2012
Por The Economist (Reino Unido)

La historia ha dejado a los argentinos con más trauma económico de lo que les tocaba. Después de haber sufrido dos veces destructivos ataques  de hiperinflación en la década de 1980, son sensibles al aumento de los precios. Al detectar la inflación su instinto es tirar el peso y comprar dólares. Pero desde que la economía se desplomó en 2001-02, el horror al desempleo masivo eclipsó temporalmente el temor público a la inflación.

Ese ha sido el exitoso cálculo político de la presidenta, Cristina Fernández, y de su difunto esposo y antecesor, Néstor Kirchner. Durante años se alimentó un sobrecalentamiento de la economía con políticas expansivas. Ante el consiguiente aumento de la inflación, los funcionarios recurrieron a los controles de precios y a un engaño extraordinariamente elaborada para ocultar la subida.

Desde 2007, cuando Guillermo Moreno, el secretario de comercio interior, fue enviado al Instituto Nacional de Estadística, el INDEC, para decirle a su personal que era mejor que sus cifras no mostrasen la inflación disparada, la inflación, los precios y el registro oficial separaron sus caminos. Economistas del sector privado y las oficinas estadísticas de los gobiernos provinciales muestran una inflación de dos a tres veces mayor que la cifra del INDEC (que sólo cubre el Gran Buenos Aires). Los sindicatos, incluidos los del sector público, utilizar estas estimaciones independientes en la negociación de aumentos salariales. Las encuestas realizadas por la Universidad Torcuato di Tella muestran las expectativas de inflación entre un 25-30%.

PriceStats, un proveedor especializado en tasas de inflación que emite cifras de 19 países que son publicados por State Street, un banco de inversión, sitúa la tasa anual en 24,4% y la inflación acumulada desde el comienzo de 2007 en un 137%. El INDEC dice que la tasa actual es de sólo el 9,7%, y que los precios han subido sólo un 44% durante ese período.

El INDEC parece llegar a sus cifras mediante un proceso de recogida y mezcla de ajustes, sofismas e  invención pura. Graciela Bevacqua, la estadística profesional responsable del índice de precios al consumidor (IPC) hasta que el señor Moreno la obligó a renunciar, dice que él trató de hacer que ella omitiese los puntos decimales en vez de redondearlos. Eso suena poca cosa, hasta que se calcula que un 1% de tasa de inflación mensual lleva a una tasa anual del 12,7%, mientras que los compuestos del 1,9% mensual llevan hasta el 25,3%.

Cartas amenazadoras enviadas por el gobierno a los economistas independientes también arrojan luz sobre los métodos del INDEC. A uno se le dijo que ya que el costo del servicio doméstico era “un salario, no un precio”, no debería haber sido incluido en sus cálculos del IPC. “Ellos han puesto mucho esfuerzo y abogados en esos argumentos”, dice.

Ana María Edwin, actual jefe del INDEC, no se arrepiente. En los días de la Sra. Bevacqua, el INDEC aumentó artificialmente la tasa de inflación, tal vez para beneficiar a los tenedores de bonos indexados a la inflación, afirma. Ella alude a tratos bajo cuerda, posiblemente penales, entre ex funcionarios del INDEC, economistas independientes de Argentina y financieros internacionales. ¿La evidencia? Que los acuerdos entre el señor Moreno y los minoristas para controlar los precios de los productos básicos no se reflejan en los cálculos del INDEC antes de 2007. Eso sugiere que el INDEC ahora está utilizando algunos de los precios impuestos por las autoridades en lugar de aquellos que los consumidores realmente pagan.

Cuando el precio de un producto se dispara, el INDEC lo saca de la canasta del IPC. “Los pobres no siguen comprando cosas si su precio sube mucho”, explica la Sra. Edwin.“Ellos piensan: voy a dejar esos tomates para los ricos.” Un buen cálculo del IPC en efecto, implica reglas para tratar los cambios en los patrones de compra. Sin embargo, el potencial de abuso es evidente.Algunos órganos del gobierno argentino parecem conscientes de la verdadera tasa de inflación. Los inversores extranjeros reportan presentaciones del Banco Central mencionando un real (es decir, ajustada por inflación) tipo de cambio que implica una inflación anual de alrededor del 20%. Los economistas que han elegido a través de las cifras un tanto sospechosas para el crecimiento económico dicen que pueden distinguir una tasa similar en el “índice de deflación” que se utiliza para corregir algunos de los precios. Tal vez lo más intrigante, es que las tasas de inflación del INDEC y las de PriceStats “aceleran y desaceleran la inflación en tándem.

El gobierno ha recurrido a medidas extraordinarias, que involucran multas y amenazas de actuaciones judiciales para tratar de detener la publicación de  números exactos de inflación por economistas independientes. La Asociación Americana de Estadística ha protestado por la persecución política que enfrentan sus colegas argentinos, e insta a las Naciones Unidas para actuar, en razón de que el acoso es una violación del derecho a la libertad de expresión.A petición del gobierno, el año pasado el FMI envió expertos para ayudar a planear un nuevo IPC nacional. La Sra. Edwin dice que el nuevo índice no estará listo hasta principios de 2014.

Cuanto más tiempo continúe este engaño, más difícil será para el gobierno terminarlo. Ante el deterioro de las cuentas fiscales, la Sra. Fernández ha comenzado a recortar los subsidios que ascienden a 5% del PIB. Su eliminación hará subir los precios aún más-como lo haría un debilitamiento del peso. Así que las últimas sibilancias del Sr. Moreno consisten en responder a una fuga del superávit de cuenta corriente, con estrictos controles de las importaciones, lo que socavará el crecimiento. Argentina ha creado un laberinto estadístico que podría haber sido inventado por Jorge Luis Borges, el escritor más grande del país. Esta historia es poco probable que tenga un final feliz.

Artículo publicado en The Econmist

Tradución Infolatam

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