Reportaje a Patricia Bullrich en diario Perfil, domingo 14 de marzo de 2010

“La oposición debe tener cuidado con los infiltrados” Una de las referentes de la Coalición Cívica, advierte sobre las figuras de la oposición que buscan su provecho propio y actúan como “topos” en los conflictos con el Gobierno. Respalda a la Corte en su pulseada con la Presidenta y dice que a la palabra “mesura” es “mejor relacionarla con cordura, y no con censura”.

Por Magdalena Ruiz Guiñazu

Legisladores. “Hay diputados y senadores ‘compartidos’, un día son oficialistas y otro son opositores”.

En esta semana de ajetreo político, el miércoles estuvo signado por la decisión de la Coalición Cívica de sesionar a cualquier precio, aun en soledad, para una sesión especial en la que el objetivo programado era derogar el decreto tan polémico con que la presidenta Cristina Fernández inauguró las sesiones ordinarias del Congreso.

Finalmente, y luego de interminables conversaciones con los demás miembros de la oposición, la Coalición Cívica ofreció, como sabemos, una conferencia de prensa, que luego comentamos extensamente con la diputada Patricia Bullrich.

—Desde el 14 de diciembre en que se dictó el decreto de necesidad y urgencia (DNU) y aun antes de esa fecha, –explica la diputada Bullrich– cuando no se pudo lograr que hubiera sesiones extraordinarias (algo que, por otra parte, es lo lógico en un Parlamento moderno en el que ya no hay tres meses de vacaciones) nosotros planteamos que una de las tareas más importantes que nos toca a la oposición es poner en funcionamiento el Parlamento. Y esto ocurre frente a un Gobierno que ha intentado desplazar a ese Parlamento del lugar que la sociedad le ha otorgado a partir del 28 de junio. Han pasado muchas cosas –recapitula Bullrich–. El primer decreto de necesidad y urgencia. Luego, el segundo. Ahora dicen que viene un proyecto de ley… en fin, todo resulta como un encadenamiento de situaciones que llevan a un Ejecutivo a querer ejecutar, pero sin Parlamento. Y no es una ironía.

—Pero, ¿el resto de la oposición comparte con ustedes esta postura?

—Bueno, la discusión que estamos teniendo con el conjunto de la oposición radica en ponernos de acuerdo en una cosa: y me refiero a la necesidad de darle dinámica y acción permanente al Parlamento.

—Daría la sensación de que, desde el Gobierno, hoy se desearía un Congreso adormecido.

—Sí. Me parece que el Ejecutivo tiene la decisión de plantear que el Gobierno es sólo el Ejecutivo. Es decir que achica la categoría de gobierno (que en toda la literatura de la ciencia y la tradición políticas es una síntesis de los tres poderes) hacia una verdadera reducción. Creo que cuando el oficialismo tenía mayoría en el Parlamento, lo que intentaba era que el Congreso sólo ratificara sus decisiones y como ahora ya no cuentan con el número para esa ratificación han emprendido una tarea de elusión. Y esto es complicado porque nos lleva (a nosotros) necesariamente a recurrir a la Justicia y allí se produce la segunda elusión. ¿Qué hizo entonces el Ejecutivo?: “Tenemos que eludir al Parlamento”, –dijeron– y de paso, también a la Justicia. Es entonces cuando se genera una situación de tensión institucional porque así vamos a un sistema de excepcionalidad permanente.

—¿Por ejemplo?

—Bueno, todo tiene que ser tomado a través de medidas excepcionales que, reitero, eluden la lógica del funcionamiento parlamentario y, por lo tanto, de los tres poderes del Estado.

—¿Usted siente que, en este planteo de la Coalición Cívica, la oposición aparece unida?

—Mire, nosotros advertimos en la oposición una unión en la necesidad de trabajar en el Parlamento, no como un bloque, sino como un conjunto que sabe que tiene que hacer funcionar el Congreso, ponerle límites al poder kirchnerista, etcétera. Pero también discutimos (quizás como una discusión más teórica, pero que también se lleva a la práctica) la caracterología de los Kirchner. De alguna manera, existe la idea (que no es nueva) de que “ellos” no pueden ser como son. Y esto hace que, muchas veces, ciertos sectores de la oposición actúen como si los Kirchner fueran diferentes, como a la oposición le gustaría y no como son los Kirchner en la descarnada realidad.

—Patricia ¿usted piensa que esto termina siéndole útil al kirchnerismo, no?

—Bueno, esto conduce a que se generen estrategias políticas que, en última instancia, le resultan útiles al kirchnerismo. Entonces, la discusión que nosotros, como Coalición Cívica mantenemos con la oposición, es poder lograr que no se actúe subjetivamente. Insisto: en no verlos como se desearía que fueran, sino como realmente son. ¿Sabe? la política se hace con la realidad y no con esas fantasías. Por más que resulte políticamente correcto formular el deseo de que las cosas fueran de otra manera. Es decir: nos gustaría que hubiera un buen diálogo.

—¿Por ejemplo con la centroizquierda?

—Mire, la centroizquierda viene planteando una estrategia de diferenciación. Quieren quedar como un tercer espacio y no que se los encuadre en el conjunto de la oposición. Por supuesto que es válido que ellos quieran diferenciarse políticamente. El tema es que, cuando la realidad es tan fuerte en una sociedad en la que hay que ubicar claramente el lugar del oficialismo y el de la oposición, muchas veces esos terceros lugares quedan en una ubicación en la que, finalmente, en la práctica, logran que el objetivo gubernamental que es dilatar y dilatar, se cumpla. Le aclaro que si quieren diferenciarse políticamente están en todo su derecho. Ahora bien, en el funcionamiento parlamentario, la diferenciación lleva a que pueda imponerse el tiempo que desea seguir manejando el kirchnerismo.

—Bueno, el 3 de diciembre lograron plantear una estrategia de conjunto.

—Sí, allí, juntos, llevamos a la práctica algo que nos sirvió también a todos. Y esto es lo que nosotros queremos. La gente habrá advertido que, por ejemplo, en la conferencia de prensa del miércoles, lo que quisimos fue darle un mensaje a la sociedad. En una palabra, que la Coalición Cívica no quiere ser arrastrada por los tiempos del kirchnerismo y, ¿sabe por qué? Pues porque son tiempos engañosos. Fíjese, nos dicen: vamos a discutir un proyecto de ley, pero en realidad no van a discutir ningun proyecto. Lo que, evidentemente, surge es un momento en el que el kirchnerismo quiere justamente ganar tiempo. Y mientras tanto usan las reservas y quieren ver si el tema llega a una Cámara que, quizás, le de la razón. Nosotros no vamos a bailar alrededor de estas situaciones. Este es un debate lógico, que se tiene que dar y que, muchas veces, hace que se produzcan tensiones en la oposición. Pero tambien le digo que esas tensiones tampoco van a llegar a algo más grave.

—Digamos que no dejan de ser preocupantes.

—El tema es que nosotros tenemos que saber que el kirchnerismo trabaja sobre los márgenes que tiene la oposición. Y yo creo que la oposición tiene fronteras muy laxas, aún con el mismo oficialismo. Tiene sectores que, si bien son de oposición, poseen (insisto) fronteras muy laxas, que han sido elegidos por las listas kirchneristas o que participaron en su propia conformación. También que piensan igual, pero que han sido ofendidos por algo. Y es sobre esas fronteras que trabaja el kirchnerismo. Nosotros tenemos que trabajar para no ser arrastrados. Tratamos de plantearnos una estrategia más firme. Algunas veces me dicen que es muy dura, pero es dura porque no tenemos otra alternativa. A nadie le gusta ser duro, pero nuestra dureza parte de este reconocimiento del carácter del kirchnerismo que quiere llevarse todo por delante. Y cuando uno no quiere que lo lleven por delante, no hay más remedio que ser duro. Le doy un ejemplo: ¿vio esos juegos en los que un equipo tira del extremo de una cuerda y otro equipo hace lo mismo del otro lado?

—La famosa cinchada de la infancia.

—Efectivamente. Entonces, el equipo del kirchnerismo tira y tira de la cuerda hasta el máximo y nosotros también tiramos. De pronto, viene alguien y propone: “¿aflojamos un poco?” Y si lo hacemos, en el momento de aflojar, los del otro lado de la cuerda nos arrastran y nos caemos.

—Es un ejemplo muy claro.

—Si dejáramos de tirar de la cuerda, la gente nos diría:”Pero, che, cómo se descuidaron”.

—¿Qué opinan ustedes sobre el mensaje de la Suprema Corte?

—A mí me pareció un mensaje bien equilibrado. Muy equilibrado, y la verdad es que la Corte tiene que reaccionar. Me explico: el tema no es negar que, en la Argentina, haya niveles de corrupción en la Justicia como los hay en la política, en la Policía, en todos lados, sino ubicarse en el punto justo. La Presidenta se coloca en el lugar de “ciudadana” y la realidad muestra que ella es, en cambio, la Presidenta de la Nación. Entonces, la palabra de un presidente de la Nación tiene un valor agregado. Es decir que cuando habla tiene que justificar sus dichos. Si es una denuncia, los hechos tienen que estar avalados. Cuando un funcionario público toma conocimiento de una determinada información tiene la obligación de denunciarla. No puede hablar en general, sino en concreto. A mí me ha tocado, por ejemplo, cuando era ministra de Trabajo. Si uno se excedía en una palabra, surgía un problema. En la función pública hay que medir las palabras, lo mismo que en un cargo legislativo.

—Sí. Los términos “jueces delivery”, “jueces alquilados”, “excarcelaciones con precios tabulados” son muy agraviantes.

—El término “mesura” que usa la Corte es una buena palabra. Es mejor relacionarla con “cordura” que con “censura”, como interpretó la Presidenta cuando pidió que se usaran las palabras con un mayor equilibrio. Y cuidar las palabras de alguien no equivale a una censura. Es algo muy estudiado. Cuando un líder o un presidente dice algo, luego, en la línea de acción suele llevar a una interpretación mucho más dura. Recuerdo una biografía conjunta sobre Hitler y Stalin que me interesó particularmente y en la que se estudiaba a las dos personalidades (y que conste que no hago aquí una comparación con Cristina) como francamente autoritarias. En uno de los capítulos habla, justamente, de las órdenes implícitas y plantea que, cuando uno de los líderes expresaba un concepto, éste iba desarrollándose como una especie de orden hasta llegar, de la manera más brutal, a los ejecutores más bajos. La interpretación de un soldado del Ejército Rojo o del oficial que tenía que desalojar a un campesino era aún mucho más despiadada que el pensamiento original. Entonces, cuando la palabra de alguien con autoridad es interpretada como una orden, generalmente llega aún con más violencia, a sus ejecutores. Por eso, la palabra presidencial siempre tiene que ser mesurada.

—Daría la sensación de que va a producirse un endurecimiento por parte del Ejecutivo y de su gente. Por ejemplo, el diputado Alejandro Rossi (hermano del jefe de la bancada kirchnerista en la Cámara baja) anunció el plan de investigar la vida privada de los jueces.

—Yo creo que el oficialismo va a endurecer, efectivamente, su posición. ¿Por qué lo pienso? Bueno, en primer término, porque el país ha dividido su discurso en republicanos y autoritarios. Esta es la discusión real que se está dando hoy en la Argentina. No es la izquierda ni la derecha. Ni pagar la deuda o usar las reservas. Lo que hay es un posicionamiento de fuerzas políticas respecto a cuál es el sistema de poder que debe regir en nuestro país. Si es un sistema autoritario decisionista o un sistema democrático republicano y pluralista de participación. Entonces,me parece que el público que está en la idea de que la Argentina tiene que regirse por un sistema plural, democrático y republicano no le va a creer al kirchnerismo, aunque éste se presente como democrático y republicano. Ya hay una desconfianza concreta hacia el kirchnerismo. Y si los seguidores de Nestor Kirchner lo ven haciéndose el republicano van a dejar de creerle. ¿Qué va a hacer entonces Kirchner? Supongo que mantener su núcleo duro y, para eso, en vez de poner el freno que es lo que debería haber hecho el 28 de junio después de perder las elecciones, en cambio, oprime el acelerador. Desde el Chaco anunció que va a gobernar hasta 2020. Quiero señalar también que lo del diputado Alejandro Rossi, que usted comentaba recién, me preocupó muy profundamente porque en un país que ha padecido persecuciones y la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) ha sido usada como un elemento de persecución política; donde hemos tenido batallones de Inteligencia…bueno, querer convertir el Consejo de la Magistratura en un batallón de Inteligencia (porque eso fue lo que dijo cuando mencionó “investigar a qué colegios concurren los chicos de los jueces; a qué clubes van; en qué universidad han estudiado los jueces”) es acudir a un sistema stalinista. La STASI (Policía Secreta de la ex Alemania Oriental). Además dicho, casualmente, por el hermano de un legislador o pensando en Cristina esposa de un ex presidente y hoy diputado, llama realmente al asombro. Yo pienso que en el Consejo de la Magistratura ni siquiera tiene que haber entrevistas porque allí entra a jugar la subjetividad. Tiene que haber exámenes que sean anónimos para que todos compitan en igualdad de condiciones. En cambio, cuando oigo estos razonamientos de lógica policial, es realmente preocupante y parece que todo va en esa dirección.

—¿También se refiere a otros legisladores?

—Hay ciertos núcleos de diputados y senadores que aparecen compartidos. Me explico: un día son oficialistas y otro, opositores. Se convierten entonces, aparentemente, en piezas clave y ésto les confiere un poder extraordinario. A mí me parece que nosotros tenemos que salir de ese lugar. La oposición que se viene constituyendo no tiene que permitir que haya quienes puedan extorsionar el funcionamiento parlamentario y convertirse en ejes, cuando realmente no lo son. Y esto implica que debemos mantenernos en posiciones claras, firmes, no dejarnos ganar en el tiempo. Por ejemplo, han transcurrido demasiados días en la posibilidad de que ibamos a derogar el DNU, cosa que todavía no ocurrió. Y esto hace que las figuras que mencionaba crezcan mar-ginalmente. El tema es que no se conviertan en “topos” infiltrados.

—Cuando usted fue ministra de Trabajo y los sindicalistas la llamaban “la piba”, me imagino que acumuló una buena experiencia acerca de cómo se mueve este sector. Parece que el almuerzo de esta semana en Olivos dejó satisfecho a Moyano y a su gente, ¿no?

—Bueno, ahí hay un pacto muy claro. Y muchas veces me pregunto ciertas cosas. Recuerdo, por ejemplo, que uno de los primeros planteos que hizo Kirchner cuando asumió la Presidencia, fue que la Argentina iba a volver a tener ferrocarriles. Sin embargo, no pasó nada. El tren bala, Tafí Viejo…bueno, nada. No existen y los trenes que están no se pueden tomar. Imposible ir siquiera hasta Mar del Plata. Ahora la pregunta que me hago es: ¿habrá sido una decisión de no invertir o habrá sido una decisión estratégica? Porque, ¿quién fue el gran favorecido, en la Argentina, por esta ausencia de ferrocarriles? ¡Moyano! Porque todo, absolutamente todo el transporte, pasa por ruta. Y, en consecuencia, me parece que ese pacto (el manejo de los subsidios, etc.) podría mal llamarse “de gobernabilidad” (y no me gusta usar esa palabra). Algo así como: “yo, a vos, te dejo crecer en dinero, en subsidios, en el manejo de la CGT y vos me garantizás que el movimiento obrero se queda tranquilo”. Y la verdad es que este Gobierno, con inflación alta y un montón de problemas, no ha tenido conflictos de envergadura. Salvo en el caso docente. En consecuencia, me parece que si uno piensa en la Argentina del futuro y se pregunta: ¿cómo lograr la gobernabilidad? La respuesta está en este tipo de pactos.

—¿Logrará la CTA la personería que tanto pide?

—Me parece que donde se ha logrado un avance importante es en la Corte Suprema de Justicia, que ha comenzado a discutir el valor de la libertad sindical. Pero no creo que la CTA logre ahora la personería porque, parte del pacto con Moyano, es que la CTA no tenga personería, pero quizás venga por otro lado. Me refiero nuevamente a la Corte, claro.

—Hace un momento, cuando recordaba sus tiempos en el ministerio de Trabajo y los cambios políticos que, a veces, le han reprochado a usted, pensaba también en esta vocación por las cosas del país que aparece en su vida casi desde la niñez, ¿no?

—Cuando miro las fotos de fin de curso de la escuela primaria o secundaria, los mensajes de mis compañeros decían más o menos todos lo mismo: “cuando Patricia sea diputada” o “cuando sea presidenta”, etcétera. No sé por qué desde chica, debo haber planteado una cierta vocación política. Bueno, en mi familia hubo participación política ya con mi bisabuelo, Honorio Pueyrredón, que fue dos veces ministro: de Relaciones Exteriores y de Agricultura. Cuando la revolución de Uriburu, en 1930, lo desterraron a Ushuaia. Allí estuvo preso con otros políticos cercanos a Irigoyen. Para la familia fue muy duro y por eso, en la generación siguiente, nadie se dedicó a la política. Dicen que los genes saltan generaciones. Como los ojos azules. Bueno, a mí me viene de ahí.

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