Alternativa o sucesión, dos caminos para la oposición

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DEBATE POLITICO

El 2008 marcó el fin de un proceso de acumulación de poder de un pejota conducido desde el vértice kirchnerista. Esta caída rápida, y para muchos inesperada, vuelve a colocar al sistema político argentino frente a disyuntivas estratégicas.

Por Patricia Bullrich | 28.02.2009 | 22:19

El 2008 marcó el fin de un proceso de acumulación de poder de un pejota conducido desde el vértice kirchnerista. Esta caída rápida, y para muchos inesperada, vuelve a colocar al sistema político argentino frente a disyuntivas estratégicas. ¿Cómo, para qué y con quién se ordena un sistema político, racional y transformador en la Argentina? ¿Serán las tradiciones?, ¿las relaciones frente al poder? ¿O se logrará ordenar a través de conductas políticas que se constituyan en alternativas diferenciadoras y claras para el electorado?

La transversalidad kirchnerista se pulverizó rápidamente y quedó reducida a un aparato pejotista que comienza a desordenarse frente a un poder que ha perdido capacidad de contención política.

A la hora de poner sobre la balanza poder futuro y dinero presente, la billetera K se confronta con la pérdida de representatividad que implica apoyar un proyecto en retirada. Gobernadores, intendentes y legisladores oficialistas y transversales comienzan a mirar nuevos caminos. La diáspora es la respuesta a esta pérdida de poder y el desgranamiento se va convirtiendo rápidamente en derrumbamiento.

El kirchnerismo ha perdido poder de policía, no eran muchas más las razones por las cuales el peronismo dirigencial le rendía pleitesía. El pejotismo, sometido temporalmente al kirchnerismo, le está perdiendo el miedo y buscará, más temprano que tarde, alejarse de quien los está conduciendo a un camino sin salida. Mientras el poder del pejota, vertiente kirchnerista, manejaba el panóptico del poder, la línea sucesoria se confundía con la línea alternativa, ambas bajo el rótulo de oposición.

Ahora, hacia el futuro, derrotado el proyecto kirchnerista, será la lucha entre la sucesión y la alternativa la que dominará el escenario político camino a 2011.

El debate político de fondo, luego de derrotar el modelo de poder kirchnerista, será entonces entre “alternancia” o “sucesión”, que son, como el lector entenderá, conceptos bien diferentes. La homologación de sucesión con oposición genera el riesgo de una democracia sin alternancia real, gatopardismo. Homologar sucesión con oposición pone en riesgo la posibilidad de construir una democracia verdadera. La confusión entre alternativa y sucesión intenta imponer el concepto de homologación entre peronismo y poder, es decir que en la medida que poder y peronismo se convierten en sinónimos, “sucesión”, se cree que ningún poder alternativo puede ser exitoso en la construcción de una mejor democracia para la Argentina.

En todo caso, lo que crece, crece hacia él para asimilarse a él y, por lo tanto, en una dirección previsible, conocida, destructiva. El peronismo pretendidamente disidente aspira hoy a extender la hegemonía movimientista a un espacio razonablemente sano como el PRO. Será trabajo de éste salirse de tal pretensión de “sucesión” para ubicarse en la real “alternancia” al proyecto del Gobierno

En este marco, el peronismo transita nuevamente una etapa de desestructuración de sus opuestos. A quienes quieren representar esos opuestos, los deglute el “movimiento” en el seno de su vocación hegemónica.

Hoy el PRO, como el PI en la década del 80 o la UCeDé en la década del 90, en vez de construir con paciencia y personalidad política propia y apostar a la construcción de un proyecto alternativo, independiente y autónomo, le presta legitimidad al intento del peronismo de aspirar a un continuado en el poder. Gana el pejota, pierde el PRO. En poco tiempo, como tantas terceras fuerzas en la Argentina, será deglutido por el gran movimiento y no podrá distinguirse.

Es por ello que en la Argentina de 2009 se juega una sola partida: la construcción de una alternativa, esto es que no pueda confundirse de manera alguna con los herederos del partido del poder en un trámite sucesorio.

Un pueblo republicano, decía Kant, tiene que pensar mucho y dudar antes de optar por un juego peligroso, porque sólo ellos sufrirán los males de lo que elijan.

*Diputada Nacional por la Coalición Cívica.

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